4 Claves imprescindibles para mejorar el liderazgo de tu grupo de hogar

Lo que aprendí a base de golpes.

Durante las Jornadas Internacionales de Convivencia en Monzón y Guadarrama una de mis responsabilidades era liderar un minigrupo de 5 a 7 chicas. 

Además en las campañas, los minigrupos se convierten en un tiempo muy intenso porque la convivencia hace que no puedas esconder quien eres en realidad y el cansancio hace que las emociones estén a flor de piel. A diferencia de cualquier grupo de hogar normal de iglesia que se junta una o dos veces al mes, los minigrupos se repiten día tras día hasta doce veces. Es decir, el número de veces que se podría reunir una célula normal a lo largo del año, es el número de veces que nosotros nos juntamos en las campañas.

Aquí va lo que yo he aprendido y lo que me gustaría mejorar para las siguientes ocasiones:

  1. No siempre caerás bien

    Como mujer que soy, tiendo a querer agradar a todo el mundo. Dentro de esta categoría tan específica, “todo el mundo,” obviamente, también entran mis chicas del minigrupo. Antes de comenzar a llevar el minigrupo, me proyectaba a mi misma como una líder guay, la típica que lleva la gorra hacia atrás y choca los cinco a todas sus chicas porque en todo momento se llevan genial. La realidad no podía estar más lejos de mi expectativa. A parte de ponerlas deberes todos los días que tenían que traer hechos al día siguiente, lo cual decrecia mi nivel de molona en un 10% por día, como parte de mi responsabilidad en la campaña, he tenido que darlas un toque para que fueran puntuales a las reuniones y mandarlas a la cama. Lo cual transforma  mi gorra de tía guay en un gorro de dictador con bigote y mala leche. El liderazgo no siempre significa caer bien, incluye momentos buenos y no tan buenos.

  2. Saca el chicle de tu boca y estíralo

    Es decir, sé flexible. No tengas un plan tan cargado y definido que no permita la espontaneidad de tu grupo. Para que se sientan en confianza es bueno dejarles un ratito para que hablen los unos con los otros de forma natural. Si vas directamente al grano con el material de estudio, puede que no les apetezca compartir sus problemas personales porque no se fían de ti y de las otras personas del grupo. Además, intenta acomodarte a su nivel de conocimiento. Si la respuesta a todas las preguntas que haces es Jesús, míratelo. Si ves que más de uno bosteza repetidamente, quizá deberías hablar de temas un poco más complejos que puedan interesar a tu grupo.

  3. Escucha

    Y no temas al silencio. El silencio puede significar meditación, dudas o timidez. Todas esas cosas son buenas. Normalmente vienen seguidas de comentarios personales o preguntas profundas. Abre tus oídos. Los minigrupos no son tu momento de protagonismo que aprovechas para soltar el rollo de tu vida. Conoce a las personas de tu grupo, apréndete sus intereses y preocupaciones y pregúntales por ellas. En este sentido, es importante que también hagas las preguntas correctas. El manual no siempre te proporcionará la mejor pregunta que puedes hacerles, atrévete a hacer preguntas difíciles. ¿Cómo está tu relación con el Señor?

  4. Ora más

    Último, pero no menos importante. Al contrario, es la más importante. Mi meta para la siguiente campaña, es orar más por mi minigrupo, sus necesidades y nuestro tiempo juntas. Creo que he fallado en este área y me gustaría estar más fuerte las próximas veces. Al final quien se moverá en los corazones de las personas de tu grupo es el Señor. Si él no está presente, de nada sirve lo demás.

¿Qué piensas? No seas tímid@ pero tampoco te pases.

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