“Salir de fiesta no es pecado, papá”

Lo que no entendía cuando mis padres me apartaban de mis amigas

Cuando estaba en 4º de la ESO, el único tema de conversación de mis amigas era la fiesta del viernes. Ah, y también del botellón del sábado, claro. De lunes a martes recordaban todos los buenos ratos que habían pasado durante el fin de semana y el miércoles ya empezaban a hablar de la ropa que se pondrían para la siguiente fiesta. Yo mientras tanto había aprovechado el viernes para orar en la iglesia y el sábado en la reunión de jóvenes para aprender más de la Biblia. “Papá, déjame sólo esta vez, ¡¡¡porfa!!!” Pero ellos se resistían. Lo que yo no entendía en ese entonces es que con su prohibición me estaban…

Alcohol

Protegiendo

Me estaban protegiendo de mí misma. Mi cabeza con 14 años aún no estaba asentada. Uno de los gajes de pertenecer al club de la adolescencia es que  me quedaban muchas cosas por vivir, como la sesión para menores en la Joy. Puede que mis padres me estuvieran protegiendo de todo lo que hay ahí fuera como alcohol, drogas o sexo, pero también estaban protegiendo mis deseos.

Las cosas que realizas diariamente, o en este caso semanalmente, afectan quien eres, tu persona. Salir de fiesta puede convertirse en tu identidad, sobre todo a esas edades en las que todavía estás descubriéndote a ti mismo. En cierta manera, la identidad de mis amigas se definía a través de lo que más les gustaba hablar, mientras que la mía se estaba moldeando por la comida espiritual que recibía a través del grupo de jóvenes.

Cultivando

Mis padres protegían mis deseos y cultivaban una identidad mejor de la que hubiera formado en Kapital. Todos los sábados que pasé en la iglesia con mi grupo de jóvenes me han definido como persona. Por muy aburrido que parezca ir a la iglesia en comparación con tus amigos que la lían parda y se emborrachan cada sábado, te aseguro que a largo plazo, verás que ha merecido la pena dedicar el tiempo a aprender de Jesús y  de las personas que te inspiran a seguirle.

Es cierto que salir de fiesta no es pecado. Bailar no es pecado. Reír no es pecado. Pasarlo bien no es pecado. Pero emborracharte y liarte con alguien que acabas de conocer no creo que agrade mucho al que murió en una cruz por ti. La próxima vez que vayas a rogarle a tus padres, ¿Puedo salir mañana?, pregúntate a ti mismo, cuando salgo…:

  • ¿soy capaz de mantenerme sobrio?
  • ¿me visto para atraer miradas?
  • ¿los bailarines de los lugares a los que atiendo llevan cubiertos más del 5% de su cuerpo?

Si eres capaz de salir de buen rollo y pasártelo bien contestando a las preguntas anteriores Sí, No y Sí, felicidades. Eres suficientemente maduro como para proclamar en tu salón: “Salir de fiesta no es pecado, papá.” En el caso contrario, te aconsejo que te lo mires. Si de verdad quieres que tu relación con Jesús siga creciendo, hay ciertas cosas que tendrás que dejar de lado. Una es emborracharse. Lee los siguientes versículos si no me crees: Proverbios 20:1, Isaías 5:11-12, Lucas 21:34, Efesios 5:18.

Pregunta: ¿Sales de fiesta a menudo? ¿Crees que afecta tu relación espiritual con Jesús? Deja un comentario pichando aquí.

¿Qué piensas? No seas tímid@ pero tampoco te pases.

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3 thoughts on ““Salir de fiesta no es pecado, papá”

  1. Gracias por este post, Estefanía. Me gusta el ejemplo que nos da sobre los padres que tratan de protegernos. Es fácil ver lo mismo con relación a Dios, que a menudo se dice, “No”, cuando en realidad está diciendo: “Te amo.” Gracias por los ánimos hoy a confiar en nuestro Dios por completo.