Cuando orar parece no servir para nada

"¿Dios, estás ahí?"

Alguna vez has estado tan en el fondo que has pensado que orar no serviría para nada? Y te revuelves en tu propia miseria seguro de que ya todo está perdido, no existe solución ni salida. Ya ni siquiera Dios puede hacer nada. Es demasiado tarde. Imposible que cambien las tornas ahora. ¿Por qué orar? Ya no hay absolutamente nada que hacer. Si te encuentras aquí, créeme, yo también lo he estado. Y sólo quiero recordarte (y a mí misma) un par de cosas:

orar

Dios no se rinde contigo

Él no se rinde contigo, no te rindas tú con él. Aunque no le oigas hablarte, aunque le busques y parezca ignorarte, aunque la Biblia haya dejado de proveer el gozo que antes te traía, aunque tu oración aún no haya sido contestada, él sigue ahí. Cerca. Tan cerca que no puedes verle. Como cuando un niño te pone un dibujo a un milímetro de tu ojo derecho y te dice: “¡MIRA!” Y es que está tan cerca que no eres capaz de distinguir las formas y colores. De la misma manera, Dios está obrando en tu vida usando ciertos colores que ahora mismo no eres capaz de discernir. Estar en esa posición no es fácil, pero negarte a orar no es la solución. Cambia el chip y sumérgete en los salmos para recordarte a ti mismo que no estás solo:

Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. Salmo 91:15

A veces canto canciones que contienen verdades bíblicas que me están costando creer. ¿Tú qué haces para memorizar versículos o verdades bíblicas? Dios está contigo y te escucha. Quizá no te dé todo lo que le pidas o en el momento que tú piensas que lo necesitas, pero te escucha. Así que no te rindas con él. Persevera en la oración aunque a día de hoy parezca inútil.

Dale tiempo

La paciencia es uno de mis puntos débiles. ¿Esperar? ¿YO? Ni de broma. Lo quiero ya. Escribo un SMS a mi marido y si tarda más de 30 segundos en contestar ya me impaciento. A veces somos demasiado rápidos para impacientarnos. Para tirarnos al fondo del pozo. Un pequeño golpe y ya hemos perdido toda nuestra fe. Nuestra esperanza. Las cosas de Dios no van a velocidad 4G. Respira, confía y ejercita la paciencia.

Recuerda las palabras del Rey David “Pacientemente esperé a Jehová.” El rey de Israel, el enchufado de Dios tuvo que esperar pacientemente. Me pregunto cuántos criados estaban a su servicio, cocinando su comida, recogiendo sus habitaciones, lavando su ropa, trayéndole Frapuccinos del Starbucks… jeje. Aún con todo el poder que tenía a un chasquido de su mano, David tuvo que esperar, así que nosotros también.

Lo bueno es que la ejercitar la paciencia durante la prueba produce esperanza (Ro. 5:3-5). ¿Y existe algo mejor en este mundo que la esperanza? No te rindas con Dios, persevera en la oración con esperanza recordando lo que le sucedió a David: “Pacientemente esperé a Jehová y el escuchó mi clamor” (Salmo 40:1).

Pregunta: ¿Alguna vez has pensado que Dios no te estaba escuchando y luego te diste cuenta de que contestó tu oración? Deja un comentario pichando aquí.

¿Qué piensas? No seas tímid@ pero tampoco te pases.

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