Lo que no entendía de mi salvación

No tengo nada que aportar.

Hace unos meses mi marido y yo nos encontramos entre la espada y la pared. Se acercaba diciembre y no teníamos dinero para pagar mi matrícula del siguiente semestre. Nos faltaban 1.000 dólares. Yo no tenía ni idea de qué iba a pasar. ¿Tendré que dejar los estudios? ¿Y volverme a casa? Puff, eso sería horrible, pero si es lo que Dios quiere, pues que así sea. No nos quedaba otra opción que orar y pedirle al Señor que nos proveyera. Así que compartí nuestra petición con mi grupo de hogar. Fui muy honesta y dije algo así como: “No sé cómo vamos a pagar la matrícula, pero sé que Dios proveerá de alguna forma.”

Gracia

La semana siguiente, una amiga de mi grupo de hogar vino y me dio un carta y me dijo: “Esto es para animarte.” Lo abrí de camino a casa y vi que era un…

Era cheque con 1.000 dólares para pagar la matrícula. Mi marido y yo nos quedamos flipando. No teníamos palabras. Sólo lágrimas de incomprensión. ¿Por qué esta mujer que me acaba de conocer me da tanto dinero? Yo no me lo merezco. No saco las mejores notas, ni voy a poder darle nada a cambio. Así es también nuestra relación con Jesús.

Orgullo versus Gracia

En realidad, yo hubiera preferido poder pagar la matrícula con mi propio dinero, ¿sabes? No depender de nadie, ni de otra persona que tenga que pagar por mí. Esto es lo que se conoce popularmente y en los mejores bares de España como orgullo. “No gracias, yo puedo.” Pero el orgullo no funciona con Jesús. Cuando quieres seguirle, dependes totalmente de su gracia.

Es difícil entender y aceptar esta gracia. Parece demasiado bueno para ser gratis y verdad. Tengo un profesor que dice que a los cristianos no nos gusta la gracia porque indica que no hay nada que podamos hacer para contribuir a nuestra salvación. Nos posiciona en una categoría de vulnerabilidad y dependencia a Dios en la cual no es fácil permanecer.

Nuestro propio orgullo susurrará en nuestros oídos que tenemos que trabajar para devolverle a Dios lo que él ha hecho por nosotros. Nuestra necesidad de ser independientes y tener éxito en la vida nos harán creer que no somos suficientemente buenos para él. Que Dios no está contento con nosotros. Pero mira, por la gracia de Dios:

  • has sido escogido para formar parte de su familia
  • tendrás un vida eterna junto a él
  • estás limpio de pecado
  • no hay nada que puedas hacer para que él te ame más

Tantas cosas buenas que proporciona la gracia, sin embargo, nos cuesta horrores aceptarla. ¿Nos la merecemos? No, pero Dios seguirá mirándonos con gracia ya que esta es la única manera de que seamos salvos (Ef. 2:8).

Cuando entendemos que somos salvos por gracia y no por que nosotros lo merecemos o por que servimos en ciertos ministerios, cambia toda nuestra perspectiva. Venimos a Dios sin miedo, sabiendo que él conoce cada rincón de malicia que hay en nosotros y aún así nos acepta. 

La gracia dice que no tienes nada que aportar, nada que ganar, nada que pagar. – C. Swindoll.

¿Qué piensas? No seas tímid@ pero tampoco te pases.

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