Rebosando de ti

Estudiar en el seminario puede causar ralladas severas. Te toca escribir un trabajo sobre los “testigos misteriosos” de Apocalipsis 11 después de haber divagado durante tres horas de clase en las epístolas paulinas y debatir el papel de la mujer en la iglesia. Uno de los trabajos más difíciles no es el 20 páginas que tienes que entregar en dos semanas, si no procesar todo lo que estás aprendiendo y a la vez mantener la salud mental.

Últimamente, en medio de este laberinto de conocimiento me pregunto, ¿qué hago ahora? ¿Cómo afecta esto a mi vida? ¿A mi relación con Jesús? Algo que me recordó mi marido hace poco es que el conocimiento no te acerca a Dios. Entonces, ¿qué es? Quizá tú también te encuentres en una estación de estrés y no sepas muy bien cómo ser cristiano. Si es así, a lo mejor te ayuda esta descripción que me escribí a mí misma en algún momento de mi pasado.

Duerme bajo mis alas.
Descansa mientras te protejo.
Sonríe cuando te abrace.
Llora cuando la vida te pellizque.
Sé mi hija.
Crece poco a poco. No corras.
No hay prisa.
Sé tú. Te creé así para que así fueras.
No temas el qué dirán. 
Teme el qué diré yo.
No hagas nada para merecer mi atención.
Ya la tienes. Desde antes de que nacieras.
Olvídate de las miradas entre ceños fruncidos. 
Mira mis ojos. Clavados en los tuyos. 
Clavado ahí.
A tu vida. Tan llena de mí.
Tu vida. Que aunque no lo veas en el espejo
rebosa de mí. 

¿Qué piensas? No seas tímid@ pero tampoco te pases.

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